La leyenda de Leonarda

Esta leyenda está recogida en un romance popular, que se conserva entre los poemas extremeños con el nombre de "Leonarda y el Mercader de Zafra". La tal Leonarda era una chica muy hermosa, hija de una familia muy humilde, cuyo padre quería explotar la hermosura de la muchacha para casarla con alguno de los poderosos mercaderes que habitaban en la villa zafrense.
Sin embargo, Leonarda estaba enamorada de un chico de la Atalaya, que no era del agrado del padre. El mercader que tenía la promesa del padre de que la chica sería para él, atentó contra la vida del muchacho clavándole un puñal. Leonarda, ni corta ni perezosa se vengó del mercader disparándole unos tiros, marchándose después del pueblo, vestida de hombre, disfraz que ya no abandonaría en mucho tiempo.
Con su identidad de hombre, Leonarda se adhirió como soldado al ejército del rey, destacándose como un buen militar, siendo ascendida a capitán. Después de unos años, el ejército de Leonarda fue destinado a Zafra, para acompañar al príncipe Don Juan José de Austria, que fijó su residencia en esta ciudad. Sin que la reconociera su madre en un principio, Leonarda se hospedó en casa de su familia, que por fin reconoció en aquel soldado las facciones de su hija desaparecida hacía tanto tiempo. Se descubrió la identidad femenina de la muchacha y ésta le preguntó a su madre por la persona de su antiguo novio, recuperado de la tremenda herida que sufrió. El chico, al desaparecer Leonarda se había metido a fraile en un convento lejano a Zafra.
La leyenda acaba con la profesión de la muchacha como religiosa en el Convento de Clarisas, acompañada por el aplauso y admiración de los soldados de su regimiento, que hasta entonces no habían reconocido la verdadera personalidad femenina de Leonarda.