La leyenda del Archivo Parroquial

Esta leyenda está escrita por el mayordomo de San José, Blas Rodríguez de Arenzana, hacia el año 1688.
Blas Rodríguez se subió con los albañiles para inspeccionar los desperfectos de la espadaña del templo. Tuvo un traspiés y se cayó resultando ileso. Le llamó tanto la atención que consideró el suceso como un milagro para conmemorar este hecho mandó construir una imagen de San José para la iglesia. Se tuvo que ausentar unos días y dejar a su mujer sola en casa. En su ausencia, la mujer comenzó a padecer unas fuertes fiebres que le impedían levantarse de la cama y le provocaban mucha sed.
En la habitación donde descansaba había un recipiente con agua que no podía alcanzar. En su delirio febril vio aparecer un hombre que le acercó el recipiente para que pudiera calmar su sed y acto seguido desapareció. Al día siguiente se recuperó totalmente y a la llegada de su marido le contó lo que le había sucedido. Blas Rodríguez le preguntó que aspecto tenía ese hombre que le había ayudado, a lo que ella respondió que éste tenía la cara dividida en dos colores. Entonces, el marido la llevó al taller donde se estaba tallando la imagen de San José y con asombro observaron que el rostro de la talla tenía media cara sin terminar.