García de Silva. (1550-1624)

Estudió leyes en la Universidad salmantina, y dedicado, poco después de terminar su carrera de jurisconsulto, a la política, llegó a ocupar puestos de verdadera importancia, como fue, entre otros, el de Gobernador de Badajoz. Hombre autoritario pero de indudable capacidad política, fue corregidor y justicia mayor de Jaén y Andujar. Entre otras disposiciones, tomaría la de frenar los excesos que los jueces venían cometiendo allí contra los morisco.

Más tarde prestó sus servicios en la Secretaría de Estado, elevándose a la altura de los más insignes diplomáticos. Desempeñó la Embajada de España en Persia, comisionado por Felipe III, en 1614; se buscaba convencer al sha Abbas para que tomase medidas contra los turcos a favor de los intereses occidentales y, en especial, de los hispanolusos. Dejó manuscritos unos valiosos Comentarios, donde recoge sus experiencias y ofrece noticias sobre aquellos lugares, entonces tan exóticos para los europeos. Cuando regresó, trajo una colección riquísima de objetos antiguos y de gran valor. Murió al desembarcar en Lisboa, dejando en su testamento una buena cantidad de dinero para reedificar la capilla del Cristo que sus padres construyeron en la iglesia del convento de San Benito de Zafra.