Lorenzo Ramírez de Prado. (1583-1658)

Perteneciente a una familia de ingenios, de dudosísima moralidad algunos, pero de positivo talento todos, en expresión de Entrambasaguas, fue una figura relevante en el mundo de las letras y la política durante el reinado de Felipe IV. Su padre, Alonso Ramírez, hacendista de Felipe II y Felipe III, gozó de enorme poder, hasta caer en desgracia acusado de malversar el tesoro público, según Góngora canto en sarcásticos sonetos. Notoriedad alcanzarían también otros hermanos de Lorenzo y pariente suya era la escritora Catalina Clara Ramírez de Guzmán. Su padrino fue Pedro de Valencia.

Estudió en Salamanca con maestros venerables, entre los que siempre recordaba con elogio al Brocense. Muy joven, y dando muestras de poseer ya sólidos conocimientos humanísticos, escribe Pentecontarcos (Amberes, 1612), donde comentaba a Marcial. La obra concitó fuertes ataques, especialmente de los jesuitas. Para refutarlos, compuso un folleto, Typpographus Lectori (Madrid, 1612), que imprime sin las oportunas licencias. Le costó un desagradable proceso.

Conoció bien los entresijos de la justicia española. Por una parte, lucha denodadamente para levantar los cargos contra su padre. Por otra, se empeña en pertenecer al Santo Oficio y lo consigue, pese a la oposición de los Inquisidores de Llerena, que legaron a negarle limpieza de sangre, haciéndolo descendiente de judíos. Lorenzo desempeñó también importantes funciones políticas, aunque fue abandonándolas paulatinamente para centrarse mejor en sus aficiones literarias.

Casado con Lorenza de Cárdenas, reunió una impresionante biblioteca, mantuvo estrechas relaciones con la intelectualidad de la época, fue mecenas de sabios, famoso por los neologismos que inventaba y apasionado bibliófilo.