Luis de Oteyza. (1883-1964)

Se trasladó muy joven a Madrid donde cursó estudios inacabados de ingeniería y optó por dedicarse a labores literarias y periodísticas. Fue colaborador de los periódicos madrileños El Globo, La Nación y Madrid cómico, a la vez que publica tres poemarios: Flores de almendro, Brumas y Baladas. Como poeta, adopta la estética del romanticismo decadente sin grandes aciertos. Más tarde (1923), Manuel Machado prologaba sus Versos de los veinte años, muestra antológica. Es también autor de un conjunto de obras pertenecientes a lo que su máximo estudioso denomina "literatura de función práctica": En tal día... Efemérides históricas, Galería de obras famosas, Frases históricas, Animales célebres, El pícaro mundo, Los dioses que se fueron, Las mujeres en la Literatura, Picaresca puritana, López de Ayala o el figurón político literario y La Historia en anécdotas.

En Oviedo, donde ocupó una plaza en el Banco de España, se relacionó con Pérez de Ayala y dirigió El Matein. Trasladado a Barcelona, dirige allí El Liberal antes de afincarse en Madrid. Fundó y dirigió hasta 1925, La Libertad, en cuyas páginas colaboraron los más conspicuos intelectuales republicanos. Visitó Marruecos para conseguir la liberación de los soldados españoles, para ello consiguió entrevistarse con el caudillo Abd el Krim y obtener el primer reportaje periodístico sobre el mismo. Diputado varias veces en el Congreso, la II República lo nombró embajador en Caracas, donde permaneció exiliado tras el triunfo franquista. En Venezuela publicó Fichas de mi archivo, especie de memorias, y La Historia en anécdotas.

Pero la auténtica labor de Oteyza fueron los relatos de viaje y las novelas. Entre los primeros figuran Abd-el-Krim y los prisioneros, De España al Japón, En el remoto Cipango, Al Senegal en avión y El tapiz mágico. Entre las segundas, El diablo blanco, El tesoro de Cuauhtémoc, La Tierra es redonda, Anticípolis, Río revuelto, ¡Viva el Rey! y El hombre que tuvo harén.