Ruta de la Zafra Burguesa a pie

Comienzo: Plaza Grande.
Fin: Recinto Ferial.


Recorrido


Zafra, desde antiguo, ha sido un importante centro comercial. En el medievo, sus mercados y ferias fueron muy importantes, tanto por la presencia de una gruesa alhama judía, como por el favor interesado de la Casa de Feria.



Mercados y ferias que aún se mantenían pujantes en el siglo XVII, cuando un contingente de comerciantes riojanos se asentaron en la ciudad e hicieron florecer el comercio local durante los siglos siguientes.



Nuestra época, y sobre todo tras el carismático 1992 en que la ciudad fue sede de la Feria Internacional Ganadera del Quinto Centenario, ha visto como se renovaba ese tradicional carácter comercial y burgués, que la distinguía de su entorno rural. El mercado local tuvo su asentamiento primigenio en las Plazas Chica y Grande, cuyos soportales acogían los negocios de un incipiente comercio comarcal. En la Chica se celebraban desde 1380 los mercados semanales, por lo que allí estaba la oficina del almotacén funcionario encargado de la revisar los pesos y medidas, y tenía grabada en el fuste de una columna la llamada Vara de Zafra, para que el cliente pudiese comprobar directamente la veracidad de la medida del género adquirido.

 



La Plaza Grande, originalmente, era solar de la antigua iglesia de la Candelaria y de su cementerio; a mediados del siglo XV, el desarrollo mercantil propició la construcción de soportales en los bordes del camposanto, para favorecer las transacciones comerciales. Las plazas son, sin duda, uno de los espacios urbanísticos más originales de la Península, al comunicarse entre sí a través del Arquillo del Pan; bajo el que puede verse el retablillo de la Virgen de la Esperancita, obra de mediados del XVII.


Una de las calles más sugerentes es la Calle de Jerez, al fondo de la cual se encuentran restos de la muralla urbana medieval: se trata de la Puerta de Jerez, que permitía el acceso intramuros a los caminantes que provenían del Oeste, y de un trozo de la calle de ronda conocido como Callejita del Clavel. En la fachada extramuros, además, de las imágenes de los santos patronos del gremio de zapateros, puede verse grabado en la cantería un pie castellano, para referencia de medidas. En la planta alta existe una capilla barroca, en la que se venera la imagen procesional del Cristo de la Humildad y Paciencia.



Del ensanche, antiguamente conocido como Mercado del Trigo, parte una estrecha calle que nos acerca a las Bodegas Medina, uno de los lugares más atractivos del paseo. Instaladas en una tenería, antigua fábrica de curtido de pieles, ofrece la posibilidad de paladear, entre rancias cubas de roble, los extraordinarios caldos de Matanegra y Tierra de Barros, o contemplar su cuidado Museo Etnográfico.



De vuelta, retomamos los restos de la muralla urbana. La visita a la Puerta de Badajoz, que se abría dentro del baluarte del Cubo, nos permite señalar que la muralla de Zafra no se construyó con un objetivo belicista; sino que fue levantada por los Feria, entre 1426 y 1449, con una doble misión: proteger y salvaguardar la producción artesanal y el comercio local de un entorno inseguro, sobre todo en la noche, y controlar fiscalmente a 108 mercaderes y artesanos. La puerta perdió su apariencia y su nombre cuando en el siglo XVII se cegó y se abrió en el lienzo de muralla un nuevo arco más capaz, el llamado Arco del Cubo. Sobre la vieja puerta se mantiene una hornacina con la imagen de Santiago Matamoros.



Los comerciantes zafrenses enriquecidos, muchos de ellos transmutados en terratenientes y algunos ennoblecidos en los siglos XVIII y XIX, levantaron sus mansiones intramuros. En la Plazuela del Pilar Redondo, a la que hemos llegado a través de la Ronda de la Maestranza que conserva restos de la muralla, pueden verse la neoclásica Casa-palacio del Conde de la Corte y algunas casas con fachadas modernistas y neoplaterescas.



Las calles de la ciudad poseen un abundante repertorio de construcciones suntuosas, propias de la burguesía comercial y de la nobleza de siglos pasados. Pero no se busquen aquí casas-fortaleza; en Zafra, la residencia de las clases enriquecidas es ante todo una casa, con una blanca fachada cuajada de ventanas enrejadas, balcones y algún que otro mirador. En piedra o mármol, solo la portada y el blasón familiar.



En la Calle Gobernador puede verse la Casa de Anibal González, trazada por este célebre arquitecto sevillano poco antes de su muerte para la familia Fernández, la fachada clasicista de la Casa de los Mendoza de la Rocha, casi enfrente del Arco de San Antonio y la bella Casa-palacio del Marqués de Solanda, obra neomudéjar de finales de siglo. En la Calle Huelva. puede visitar el Casino de Zafra y el Centro Socio Cultural García de la Huerta, ejemplos de las casas que levantó la oligarquía de finales de siglo XIX, y contemplarse varias fachadas clasicistas del XVII entre las que destaca la del antiguo Cuartel de Milicias (hoy, Centro Recreativo Segedano).



Y en la Calle Sevilla, la popular Casa Grande, edificada en 1601 para el acaudalado mercader Hernán López Ramírez: su marmórea portada principal, lo mismo que el patio central y la escalera principal, muestran composiciones clasicistas inspiradas en la arquitectura italiana. La casa fue residencia y cuartel general de Juan José de Austria durante la Guerra de Secesión Portuguesa, y en el siglo XVIII fue habitada por la familia de los Daza Maldonado.



La importancia de la ciudad se acrecentó con la institución de ferias en 1395 y 1453. Si en aquellas fechas pudieron celebrarse intramuros, a partir del siglo XVI se celebraban extramuros en el llamado Campo de Sevilla, actual Plaza de España, y frente al Palacio Ducal en la actual Plaza de los Escudos, donde se encontraba el conocido Pilar del Duque, un enorme abrevadero para los ganados, obra gótica del siglo XV, que hoy empequeñecido puede verse junto a la Avenida de Antonio Chacón.



Las ferias se celebraban en tres fechas anuales: en febrero, en junio y en octubre; pero será la de San Miguel, la celebrada en el último mes, la que consiga la primacía ferial, tras casi setecientos años de existencia. A ella concurren ganaderos de toda la península, se celebran certámenes y concursos de las diferentes especies y razas ganaderas, y exposiciones de productos industriales relacionados con la agricultura y la ganadería. Hoy convertida, además, en Feria Regional del Campo Extremeño y Feria Internacional Ganadera ha ampliado su oferta a todos los campos de la productividad.



Su magnífico y amplio recinto ferial contiene diferentes pabellones expositivos y multiusos y una sucesión de naves capaces de albergar las distintas razas ganaderas que aquí acuden para su exposición y venta, que no dejan impasible al visitante.